martes, 4 de marzo de 2014

Sanciones contra Rusia: un arma de doble filo

Sanciones contra Rusia: un arma de doble filo

Los países europeos y EEUU, en medio del agravamiento de la crisis en Ucrania, han comenzado a hablar de posibles sanciones contra Rusia. Mientras tanto, los expertos estiman que la mayoría abrumadora de estas amenazas no son más que palabras hueras.

Entre las ideas planteadas por políticos de Occidente figuran la exclusión de Rusia del G-8 y la suspensión de la cumbre de julio en Sochi. Es cierto que los expertos señalan que es poco eficaz. La salida del G-8 no es algo crítico para Rusia, asegura Vladímir Shtol, profesor de la Academia de Economía y del Servicio Público adjunta a la presidencia:
No pienso que signifique un golpe serio para el prestigio de nuestro país. Más todavía con el nuevo formato, más amplio, el G-20, del cual formamos parte. Hoy, lamentablemente, la economía está demasiado interconectada, al igual que la política. Debido a la globalización no se puede hablar de un vector individual de desarrollo. Es cierto que no se quieren limitaciones serias en el comercio exterior. Por otra parte, hay que entender que la interdependencia entre países es bilateral. De manera que pienso que, en esto, bien valdría que nuestros socios occidentales lo sopesaran todo meticulosamente.
Los radicales exigen el aislamiento de Rusia, lo que será difícil lograr. Pues, Occidente no tiene muchas posibilidades. Además que los últimos años han mostrado que Rusia está dispuesta a resignarse a las consecuencias si se trata de sus intereses. El politólogo Vladímir Kozin, experto del Instituto Nacional de Investigaciones Estratégicas, comenta:
Las sanciones no han sido nunca eficaces. Incluso las que fueron introducidas contra Rusia después de haber metido en cintura a Georgia en 2008. Hace medio año, esas sanciones fueron eliminadas por Occidente mismo. Las sanciones se vuelven siempre contra aquellos que las establecen. Ahora, si esta vez van a ser introducidas, Rusia no se cruzará de brazos y responderá adecuadamente.
Estrictamente hablando, el propio Occidente no está dispuesto a imponer sanciones. Y es que todas las restricciones ponderables en el comercio golpean invariablemente a los negocios. El bumerán se volverá contra toda Europa Central y del Este. El politólogo Alexéi Martínov, director del Instituto Internacional de Estados Contemporáneos, señala:
Teóricamente, Europa podría negarse a los suministros de agentes energéticos de Rusia. Es cierto que habría que congelar entonces una serie de empresas y renunciar a una parte del confort. Pero, Europa tiene el gas noruego y los suministros de gas licuado con Oriente Próximo organizados. Es cierto que para Europa no será fácil explicar a sus ciudadanos por qué deben pagar mucho más por la electricidad. Y es que, la renuncia al gas ruso conduce, inevitablemente, a una subida brusca de precios.
Hipotéticamente, Obama podría tratar de repetir el experimento de Ronald Reagan y disminuir los precios de los hidrocarburos. La economía rusa, a raíz de sus particularidades, es sensible con respecto a tales factores. Pero, esa es una maniobra demasiado seria que entraña consecuencias tanto para la economía global como para la estabilidad geopolítica. No resulta exagerado decir que semejante exabrupto pondría al mundo al borde de la guerra.
En general, las sanciones antirrusas costarían demasiado caro a Occidente como para que se decida por ellas. Difícilmente la UE y EEUU están dispuestos a verdaderos sacrificios. En cualquier caso, para las acciones resueltas se requiere voluntad política y los líderes políticos de Occidente han demostrado que no la poseen.

la voz de Rusia
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